Un amigo te ha invitado a cenar a su casa. Se acaba de mudar y quiere enseñarte su nuevo hogar.
Tampoco es que sea un gran amigo tuyo, pero te puede la curiosidad y aceptas la invitación.
Tan pronto como cruzas la puerta, sabes que la noche será mucho mejor de lo que esperabas.
La casa está decorada con un gusto exquisito. El anfitrión te recibe ofreciéndote una copa de tu vino favorito. El sofá es el más cómodo que has probado en tu vida. La música está al volumen perfecto. Y todo está impregnado de un suave aroma a incienso.
¿Y la cena? ¿Qué me dices de la cena? Me río yo de las estrellas Michelin.
Hasta la sobremesa es genial. Tu amigo es un fiera contando anécdotas.
Si no fuese porque se ha hecho un poco tarde y mañana tienes que madrugar, te quedarías un rato más.
Te vas de esa casa deseando que tu amigo no tarde mucho en invitarte otra vez.